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Desde Argentina con amor

Recorriendo algunas páginas de Internet me encontré con una, en la que Concepción Cascajosa Virino, profesora ayudante en el departamento de periodismo y comunicación audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid, da una opinión sobre la televisión argentina, el articulo fue publicado por el portal español Formula Tv, hace algo mas de un mes.


Desde Argentina con amor

Decidir pasar un verano en Argentina no tiene nada de particular, excepto que en la tierra de Evita, Maradona y el Ché, agosto es sinónimo de invierno y, por tanto, lo de “verano” es completamente retórico. Alejada del día a día televisivo en España por unas semanas, leí con interés (por supuesto en FórmulaTV) las noticias sobre el estreno de 'Hermanos y detectives', otro ejemplo de creación argentina que daba el gran salto para acabar, convenientemente versionada, en la Madre Patria catódica. No se trata de nada nuevo, pero sí de algo que evidencia los estrechos vínculos entre los dos países. Si ahora en la Argentina es habitual ver a imitadores de David Bisbal y hasta los noticieros reflejan la adoración por Sabina, en los cincuenta y sesenta contaron con sus propios programas desde Gila a Sara Montiel. Por no hablar de que aquí comenzó su carrera televisiva el maestro Narciso Ibáñez Serrador, que junto a su padre puso en pie lo que sería el antecedente de Historias para no dormir y sacó alguna idea para su Un, dos, tres... Aunque el trasvase que más fácilmente viene a la mente es el realizado por la productora Cuatro Cabezas de su formato Caiga Quien Caiga, que en su concepción original ofrece bastante menos oportunidades a los políticos para resultar simpáticos, dando más cabida a fieros reportajes cuya acidez me temo que no sería asumida por la clase dirigente (política y económica) española. Tras su nacimiento, Cuatro puso en su parrilla otra adaptación de Cuatro Cabezas, 1 equipo, además de la celebrada Los simuladores del joven Damián Szifron, artífice también de Hermanos y detectives.

Viendo todo lo que la televisión española toma (no, no digo coge, que aquí significa otra cosa) de la argentina, se podría pensar que el medio vive un momento dulce, pero la realidad es mucho más compleja y poco estimulante. Los que se quejan de que en nuestro país las parrillas son rehenes de los programas rosa y de telerrealidad, deberían saber que es imposible concebir una televisión más reiterativa, endogámica y explotadora como la que se ve en abierto en Argentina. El rey de la función de esta metatelevisión es Marcelo Tinelli, que en su perpetuo ShowMatch, ahora en Canal 13, ha utilizado los formatos que nosotros conocemos como Mira quien baila y Desafío bajo cero para lanzar a la fama a starlets pechugonas que fingen con inteligencia ser descerebradas y se prestan a todo tipo de polémicas. Polémicas que por supuesto se discuten en las decenas de programas dedicados a sacar punta a la actualidad televisiva, buena parte de ellos en el prime-time compitiendo con el propio Tinelli. En un momento cualquiera, se puede zappear por los cuatro canales privados de Buenos Aires y descubrir con sorpresa que en al menos tres de ellos se habla de lo que ocurrido en ShowMatch o Gran Hermano (el cuarto seguro que está en publicidad).

Todo está tan imbricado que es muy común que un mismo profesional trabaje en programas distintos en cadena rivales, como el todoterreno Jorge Rial, que presenta a la vez Gran Hermano en Telefé y el magazine Intrusos en el espectáculo en América, o el venerable Gerardo Sofovich (una suerte de José Luis Moreno local), jurado de ShowMatch en el 13 y presentador de dos programas diarios en el 9, A la manera de Sofovich y Sin límite de película. El clima general es de una violencia soterrada: algunos profesionales utilizan su atalaya para insultar abiertamente a los competidores (las puyas entre ShowMatch y Caiga Quien Caiga son especialmente agudas). Y el cinismo es la norma, ya que se critica la degradación general que gobierna el medio, pero cuando nacen secciones como “La boluda del mes” para destacar la estupidez, también se la alimenta. El rating, seguido minuto a minuto por los productores gracias a los SMS, convierte cada emisión es una carrera hacia el precipicio. A la vez, en el cable proliferan los canales informativos, los documentales de calidad y las series más prestigiosas, una televisión de élite para una minoría mientras al resto se le da poca oportunidad de encontrar salida al homogéneo “pan y circo” generalizado.

1 comentario:

La Mascarada dijo...

Wow...que visión interesante...